Problemas de conducta en niños y adolescentes
¿Qué son los problemas de conducta en niños y adolescentes?
Los problemas de conducta pueden aparecer en distintos momentos del desarrollo y manifestarse de formas muy diferentes según la edad, el temperamento y las circunstancias de cada niño o adolescente.
En algunos casos observamos rabietas intensas, desobediencia, impulsividad, agresividad, dificultad para aceptar límites, enfrentamientos frecuentes o problemas para gestionar la frustración.
Estas conductas no siempre significan que exista un problema grave. A veces forman parte del desarrollo evolutivo, pero cuando son muy intensas, se mantienen en el tiempo o afectan de manera importante a la convivencia familiar, escolar o social, puede ser recomendable buscar ayuda profesional.
Detrás de muchos problemas de conducta en niños y adolescentes puede haber dificultades emocionales, necesidades que no saben expresar, situaciones de estrés, inseguridad, dificultades en la regulación emocional o experiencias que están generando malestar.
¿Cómo trabajamos los problemas de conducta?
Nuestro trabajo no se centra únicamente en eliminar una determinada conducta, sino en tratar de comprender qué está expresando el niño o adolescente a través de ella.
Realizamos una valoración de las dificultades, la historia familiar, el contexto en el que aparecen las conductas y las situaciones que pueden estar influyendo en su mantenimiento.
Con niños pequeños utilizamos recursos adaptados a su edad como el juego, los cuentos, el dibujo y otras herramientas que permiten trabajar la expresión emocional, el autocontrol y la regulación de la conducta.
Con niños mayores y adolescentes trabajamos también la identificación de emociones, el manejo de la impulsividad, la tolerancia a la frustración, las habilidades sociales, la resolución de conflictos y el desarrollo de estrategias más adecuadas para afrontar situaciones difíciles.

Problemas de conducta que trabajamos
Entre las dificultades de conducta que atendemos con mayor frecuencia se encuentran:
- Enfados frecuentes y dificultad para calmarse.
- Agresividad física y verbal.
- Organización mediante la adquisición de hábitos (sueño, alimentación, horarios…).
- Rabietas frecuentes o muy intensas
- Control de impulsos.
- Enuresis y encopresis (control del pipi y la caca).
- Trastornos de la conducta alimentaria (bulimia y anorexia).
- Problemas del sueño (terrores nocturnos, pesadillas, miedo a dormir sólo…).
- Adicciones (drogas, internet, móvil, nuevas tecnologías).
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Desobediencia y dificultad para aceptar normas y límites.
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Conductas desafiantes.
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Conflictos frecuentes con padres, hermanos o compañeros.
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Dificultades para respetar turnos o esperar.
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Problemas de autocontrol.
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Conductas disruptivas en casa o en el colegio.
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Dificultades para adaptarse a normas y rutinas.
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Problemas de convivencia familiar.
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Dificultades para resolver conflictos de forma adecuada.
El papel de la familia en los problemas de conducta
La familia tiene un papel fundamental en este tipo de dificultades.
Por eso, una parte importante de la intervención consiste en trabajar con los padres para ayudarles a comprender mejor las conductas de sus hijos y ofrecerles herramientas para manejar las situaciones difíciles de una forma más eficaz y respetuosa.
Trabajamos aspectos como el establecimiento de límites claros y coherentes, la comunicación familiar, el acompañamiento emocional, la gestión de las rabietas y los conflictos y la forma de responder ante determinadas conductas sin entrar continuamente en enfrentamientos.
Cuando detrás de la conducta hay una dificultad emocional
En muchas ocasiones, una conducta difícil es solo la parte visible de lo que está ocurriendo.
El miedo, la inseguridad, los celos, los cambios familiares, las dificultades escolares, los problemas en las relaciones sociales o determinadas experiencias pueden aparecer a través del comportamiento.
Por eso, además de trabajar sobre la conducta, prestamos atención al mundo emocional del niño o adolescente y a las circunstancias que pueden estar influyendo en ella.
Cuando es necesario, abordamos también aspectos relacionados con el apego, la regulación emocional y las experiencias traumáticas, adaptando siempre la intervención a las necesidades de cada caso.
Nuestro objetivo es ayudar al niño o adolescente a comprender mejor lo que le ocurre, desarrollar recursos para expresar sus emociones de una forma más adecuada y aprender nuevas maneras de afrontar los conflictos y las situaciones que le generan frustración.
Al mismo tiempo, acompañamos a las familias para que puedan sentirse más seguras a la hora de establecer límites, comprender determinadas conductas y mejorar la convivencia en casa.
La intervención se adapta siempre a la edad, las características y las necesidades de cada niño, adolescente y familia.
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