Blog

Manías en niños

Jul 5, 2013 | Alteraciones Emocionales, Blog

Manías y conductas repetitivas en niños: cuándo son normales y cuándo consultar

Muchos niños presentan en algún momento hábitos o conductas repetitivas como morderse las uñas, retorcerse el pelo, chuparse el dedo, tocarse determinadas zonas del cuerpo o rascarse pequeñas heridas.

Aunque coloquialmente solemos llamarlas “manías”, no todas estas conductas tienen el mismo significado ni indican que exista un problema psicológico.

En muchos casos aparecen de forma automática y pueden cumplir una función de calma, autorregulación o descarga de tensión, especialmente cuando el niño está cansado, aburrido, nervioso o concentrado. Algunos de estos hábitos disminuyen espontáneamente a medida que el niño crece.

¿Qué conductas repetitivas son frecuentes en la infancia?

Entre las más habituales podemos encontrar:

  • Morderse las uñas.

  • Retorcerse o jugar con el pelo.

  • Chuparse el dedo.

  • Morder o chupar prendas u objetos.

  • Tocarse o morderse las cutículas.

  • Hurgarse la nariz.

  • Rascarse pequeñas heridas.

  • Realizar determinados movimientos repetitivos para relajarse.

La frecuencia de estas conductas puede aumentar o disminuir según el momento, y muchas veces el propio niño apenas es consciente de que las está realizando.

¿Por qué aparecen estas conductas?

No existe una única causa.

En algunos niños pueden aparecer con mayor frecuencia en momentos de:

  • Cansancio.

  • Aburrimiento.

  • Nerviosismo.

  • Cambios importantes.

  • Mayor tensión emocional.

  • Necesidad de calmarse o sentirse seguro.

Por eso, en lugar de centrarnos únicamente en eliminar la conducta, puede ser útil observar cuándo aparece, qué ocurre antes y qué función puede estar cumpliendo para el niño.

Eso no significa que todas las conductas repetitivas estén provocadas por ansiedad. En muchas ocasiones forman parte de hábitos infantiles habituales y no existe una dificultad emocional significativa detrás.

¿Cuándo debemos preocuparnos?

Puede ser conveniente prestar más atención cuando la conducta:

  • Se realiza con mucha frecuencia o intensidad.

  • Está provocando heridas, dolor o lesiones.

  • Produce pérdida de cabello.

  • Interfiere en las actividades cotidianas.

  • El niño dice que quiere parar pero siente que no puede.

  • Le genera vergüenza o intenta ocultarla.

  • Está afectando a sus relaciones o autoestima.

  • Aparece junto a un elevado malestar emocional.

En estas situaciones es importante valorar cada caso de manera individual.

¿Qué pueden hacer los padres?

Cuando se trata de hábitos leves, llamar continuamente la atención sobre ellos puede hacer que el niño esté más pendiente de la conducta.

Puede ayudarnos:

  • Evitar ridiculizarle o avergonzarle.

  • No castigarle por hacerlo.

  • Observar en qué momentos aparece con mayor frecuencia.

  • Ayudarle a identificar si está nervioso, cansado o aburrido.

  • Ofrecer alternativas que le ayuden a regularse.

  • Hablar del tema con naturalidad si el niño está preocupado.

  • Evitar convertir la conducta en el centro de todas las conversaciones.

En muchos hábitos infantiles, reducir la presión y acompañar de una forma tranquila puede ser más útil que intentar eliminarlos de forma inmediata.

No todas las conductas repetitivas son iguales

Es importante diferenciar los hábitos infantiles de otras dificultades que también implican repetición.

Por ejemplo, las compulsiones asociadas al trastorno obsesivo-compulsivo suelen realizarse para reducir el malestar provocado por pensamientos, imágenes o impulsos intrusivos y pueden interferir de forma significativa en la vida cotidiana.

Por eso, cuando una conducta es muy intensa, rígida, difícil de controlar o genera mucho sufrimiento, es recomendable realizar una valoración profesional que permita comprender qué está ocurriendo.

Acompañamiento psicológico

Cuando estas conductas están relacionadas con malestar emocional o están interfiriendo en la vida del niño, el trabajo psicológico debe adaptarse a sus necesidades y a las características concretas del problema.

Puede ser importante trabajar la regulación emocional, la identificación de las situaciones que aumentan la conducta, la autoestima, el apego o experiencias que estén generando malestar, además de orientar a los padres sobre cómo acompañarle sin aumentar la presión.

El objetivo no es simplemente “quitar una manía”, sino comprender qué está ocurriendo y ayudar al niño a desarrollar formas más seguras y adaptativas de regularse.