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Redes sociales y adolescentes: cómo pueden afectar a su autoestima y bienestar emocional

Oct 16, 2026 | Psicología adolescente, Blog, Psicología infantil y adolescente

Las redes sociales forman parte de la vida cotidiana de muchos adolescentes. A través de ellas hablan con sus amigos, comparten lo que hacen, descubren intereses, siguen a personas que admiran y sienten que forman parte de un grupo. Por eso, cuando hablamos de redes sociales y adolescentes, no tendría mucho sentido plantearlas únicamente como algo negativo que hay que evitar.

El problema aparece cuando aquello que ocurre en Instagram, TikTok, WhatsApp u otras plataformas empieza a influir de manera importante en cómo el adolescente se ve a sí mismo, en su estado de ánimo o en sus relaciones con los demás. Compararse constantemente, sentirse fuera de un grupo, estar pendiente de los “likes” o pensar que todos los demás tienen una vida mejor puede terminar afectando a la autoestima del adolescente y a su bienestar emocional.

¿Cómo afectan las redes sociales a los adolescentes?

No existe una única respuesta. Las redes sociales también pueden tener aspectos positivos: permiten mantener el contacto con los amigos, encontrar personas con intereses similares, sentirse acompañado o acceder a información y contenidos que resultan importantes para ellos. De hecho, la relación entre redes sociales y bienestar emocional es compleja. No depende solamente del número de horas que un adolescente pasa conectado, sino también de cómo utiliza las redes, qué contenido consume, cómo se siente mientras las utiliza y qué está ocurriendo en su vida fuera de ellas.

Por eso, más que centrarnos únicamente en cuánto tiempo utiliza el móvil, resulta importante observar qué efecto tiene ese uso sobre él.

La comparación constante con los demás

Una de las dificultades que pueden aparecer en las redes sociales es la comparación. Un adolescente puede pasar en pocos minutos por decenas de fotografías y vídeos de personas que parecen estar siempre felices, tener muchos amigos, viajar, salir, tener el cuerpo perfecto o llevar una vida especialmente interesante. Aunque racionalmente pueda saber que las personas seleccionan lo que enseñan, emocionalmente puede ser difícil no compararse.

Pueden aparecer pensamientos como:

“Todo el mundo tiene más amigos que yo.”

“Los demás salen y hacen cosas y yo no.”

“No soy suficientemente guapa.”

“Mi cuerpo no se parece al de las chicas que veo.”

“Mi vida es aburrida.”

Cuando esta comparación se vuelve frecuente, puede afectar a la manera en que el adolescente se percibe y contribuir a sentimientos de inseguridad o insatisfacción.

Redes sociales, imagen corporal y autoestima en adolescentes

Durante la adolescencia el cuerpo cambia rápidamente y la imagen personal adquiere una importancia especial. Al mismo tiempo, las redes exponen a los adolescentes a una enorme cantidad de imágenes de cuerpos, estilos de vida y modelos de belleza. Muchas fotografías están cuidadosamente elegidas, editadas o filtradas. A esto se suma que los algoritmos pueden mostrar una y otra vez contenidos similares. Todo ello puede favorecer que algunos adolescentes desarrollen expectativas poco realistas sobre cómo deberían ser físicamente. Esto puede reflejarse en una mayor preocupación por el peso, la piel, el pelo, la ropa o determinadas partes del cuerpo.

También pueden empezar a hacerse fotografías repetidamente, borrar imágenes porque no reciben la reacción esperada o valorar su aspecto en función de los comentarios y la aprobación de los demás. La OMS ha señalado precisamente la exposición a ideales corporales poco realistas como uno de los riesgos que pueden aparecer en los entornos digitales.

“Todos han quedado menos yo”: el miedo a quedarse fuera

Una de las experiencias que más pueden doler durante la adolescencia es descubrir a través de las redes sociales que otros amigos han quedado y uno no ha sido invitado.

Antes, un adolescente podía no enterarse de determinados planes. Ahora puede ver las fotografías, los vídeos y las historias prácticamente en tiempo real. Esto puede intensificar la sensación de rechazo. También aparece lo que conocemos como miedo a quedarse fuera o FOMO: la sensación de que los demás están viviendo experiencias de las que uno se está perdiendo.

En una etapa en la que pertenecer al grupo resulta especialmente importante, sentirse excluido puede generar un malestar considerable. Para un adulto puede parecer algo pequeño, para un adolescente, no siempre lo es.

Los grupos de WhatsApp también forman parte de sus relaciones

Cuando pensamos en redes sociales solemos imaginar Instagram o TikTok, pero gran parte de la vida social adolescente también ocurre en los grupos de WhatsApp: quién está dentro de un grupo, quién ha sido eliminado, quién responde a quién, quién deja en visto un mensaje, quién crea un grupo nuevo sin determinada persona. Son situaciones que pueden parecer poco importantes desde fuera, pero que para ellos tienen un significado social muy grande.

Las relaciones adolescentes ya no ocurren únicamente en el instituto o cuando quedan físicamente, continúan durante toda la tarde a través del móvil.

Por eso un conflicto que antes terminaba al salir de clase ahora puede acompañarlos hasta casa.

Cuando los “likes” empiezan a determinar cómo me siento

Durante la adolescencia la mirada de los demás adquiere una especial importancia. Las redes sociales permiten además cuantificar esa aprobación, número de seguidores, “me gusta”, visualizaciones, comentarios, respuestas a una historia. Para algunos adolescentes estas cifras pueden convertirse poco a poco en una forma de medir cuánto gustan o cuánto importan a los demás. Pueden publicar una fotografía y revisar constantemente quién ha reaccionado o eliminarla si no obtiene la respuesta que esperaban.

En estos casos puede resultar importante ayudarles a diferenciar entre la valoración externa y su propio valor personal.

¿Cuándo debería preocuparme por el uso del móvil o las redes sociales?

Pasar bastante tiempo con el móvil no significa automáticamente que exista un problema.

Actualmente buena parte de la comunicación, el ocio y las relaciones sociales de los adolescentes ocurre también a través de dispositivos digitales. Más que centrarnos exclusivamente en las horas de pantalla, conviene observar si el uso de las redes está interfiriendo con otras áreas de su vida.

Algunas señales a las que prestar atención pueden ser:

  • se muestra especialmente irritable cuando no puede utilizar el móvil;
  • abandona actividades que antes disfrutaba;
  • duerme menos por permanecer conectado;
  • necesita comprobar constantemente mensajes o notificaciones;
  • su estado de ánimo cambia mucho dependiendo de lo que ocurre en redes;
  • se compara continuamente con otras personas;
  • expresa un fuerte rechazo hacia su aspecto físico;
  • evita planes presenciales;
  • aparecen conflictos frecuentes relacionados con el móvil;
  • parece incapaz de desconectar incluso cuando quiere hacerlo.

Los datos internacionales muestran además que no todos los adolescentes desarrollan una relación problemática con las redes. En el estudio HBSC de la OMS, realizado en 44 países y regiones, alrededor del 11 % presentaba señales de uso problemático de redes sociales. Por eso es importante evitar tanto minimizar el problema como asumir que cualquier uso frecuente del móvil constituye una adicción.

¿Qué podemos hacer los padres?

Cuando preocupa el uso que un adolescente hace de las redes sociales, una reacción habitual es intentar restringir inmediatamente el móvil. Sin embargo, si queremos que puedan acudir a nosotros cuando algo les ocurre en internet, también necesitan sentir que podemos escuchar sin reaccionar siempre prohibiendo. Puede ser útil interesarse por su mundo digital igual que nos interesamos por lo que ocurre en el instituto. Preguntar:

“¿Qué redes utilizáis ahora?”

“¿Qué te gusta ver?”

“¿Quién te hace gracia?”

“¿Hay algo de las redes que te agobie?”

Hablar de lo que ven.

Preguntarles qué opinan.

Ayudarles a cuestionar determinados contenidos.

Y establecer límites cuando sean necesarios.

El objetivo no es controlar cada movimiento que realizan en internet, sino acompañarles progresivamente para que puedan desarrollar una relación más saludable con el mundo digital.

Evitar demonizar las redes sociales

Decir continuamente que “el móvil es el problema” puede hacer que el adolescente deje de contarnos lo que ocurre precisamente en ese entorno. Las redes forman parte de su realidad, y en ellas pueden ocurrir cosas buenas y también experiencias dolorosas. La propia evidencia disponible indica que el impacto de la tecnología sobre la salud mental de los jóvenes no es uniforme: puede favorecer conexión y apoyo social, pero también contribuir al malestar en determinadas circunstancias, especialmente en adolescentes más vulnerables. Por eso suele ser más útil ayudarles a identificar cómo se sienten después de utilizar determinadas aplicaciones o consumir ciertos contenidos: “¿esto que estás viendo te hace sentir bien?”, “¿te divierte o últimamente te hace sentir peor contigo?”, “¿hay alguna cuenta que notes que te hace compararte mucho?”. Aprender a hacerse estas preguntas también forma parte de desarrollar un uso más consciente de las redes.

¿Cuándo puede ayudar acudir a un psicólogo?

En ocasiones las dificultades relacionadas con las redes sociales son solo la parte visible de algo más profundo. Puede existir inseguridad, baja autoestima, miedo al rechazo, dificultades en las relaciones sociales, problemas con la imagen corporal o una necesidad muy intensa de aprobación. Cuando estas situaciones generan un malestar importante o empiezan a interferir con la vida cotidiana, puede ser útil pedir ayuda profesional. En terapia no se trata simplemente de conseguir que el adolescente utilice menos el móvil. El objetivo es comprender qué está ocurriendo detrás de ese uso, qué necesidades está intentando cubrir y ayudarle a desarrollar recursos para relacionarse consigo mismo y con los demás de una manera más segura.

En Alejandra García Pueyo Psicología trabajamos con adolescentes que presentan dificultades relacionadas con la autoestima, las relaciones sociales, la imagen corporal, el malestar emocional o el uso de las redes sociales. Ofrecemos psicología para adolescentes en Zaragoza y también online, creando un espacio cercano y confidencial en el que puedan sentirse escuchados, comprendidos y acompañados.