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El divorcio en niños y adolescentes

Ago 2, 2013 | Alteraciones Emocionales, Blog, Psicología adolescente, Psicología infantil y adolescente

Cómo afecta el divorcio a los niños y adolescentes

La separación o el divorcio de los padres supone un cambio importante para toda la familia.

Para los niños y adolescentes puede implicar adaptarse a nuevas rutinas, vivir en dos hogares, pasar menos tiempo con alguno de sus progenitores o asumir cambios en aspectos cotidianos que hasta ese momento habían permanecido estables.

Esto no significa que un divorcio tenga necesariamente consecuencias negativas a largo plazo. Muchos niños consiguen adaptarse adecuadamente, especialmente cuando se sienten queridos y seguros, mantienen relaciones estables con sus figuras importantes y los adultos consiguen protegerles del conflicto de pareja.

¿Qué es lo que más puede afectar a los niños durante una separación?

Más que la separación en sí misma, pueden resultar especialmente difíciles algunas circunstancias que la acompañan.

Entre ellas:

  • Las discusiones frecuentes entre los progenitores.

  • Sentirse en medio del conflicto.

  • Tener que posicionarse a favor de uno de ellos.

  • Escuchar críticas o descalificaciones hacia el otro progenitor.

  • Los cambios constantes o poco previsibles.

  • La pérdida de rutinas importantes.

  • La disminución brusca del contacto con alguna figura significativa.

  • No comprender qué está ocurriendo.

  • Sentir que tienen alguna responsabilidad en la separación.

El conflicto continuado entre los adultos puede aumentar las dificultades emocionales y de adaptación de los hijos, por lo que protegerles de esas disputas es especialmente importante.

¿Cómo pueden reaccionar los niños ante el divorcio?

No todos los niños viven la separación de sus padres de la misma manera.

La reacción dependerá de su edad, personalidad, historia familiar, relación con cada progenitor, nivel de conflicto y de los cambios que se produzcan en su vida cotidiana.

Pueden aparecer temporalmente:

  • Tristeza.

  • Enfado o irritabilidad.

  • Mayor necesidad de estar cerca de los adultos.

  • Miedo a perder a alguno de sus padres.

  • Preocupación por lo que va a ocurrir.

  • Alteraciones del sueño.

  • Cambios de comportamiento.

  • Dificultades de concentración.

  • Descenso temporal del rendimiento escolar.

  • Molestias físicas relacionadas con el estrés.

  • Preguntas repetidas sobre si sus padres volverán a estar juntos.

Los niños más pequeños pueden incluso pensar que han hecho algo para provocar la separación o imaginar que pueden conseguir que sus padres vuelvan a estar juntos.

¿Cómo hablar con los niños sobre la separación?

Siempre que sea posible y las circunstancias familiares lo permitan, es recomendable explicarles lo que está ocurriendo de una manera clara, sencilla y adaptada a su edad.

No necesitan conocer los detalles íntimos de la relación de pareja ni saber quién tomó determinadas decisiones.

Lo que sí necesitan saber es aquello que les afecta directamente:

  • Dónde van a vivir.

  • Cuándo estarán con cada progenitor.

  • Qué cosas van a cambiar.

  • Qué cosas van a seguir igual.

  • Que no son responsables de la separación.

  • Que pueden preguntar y hablar de lo que sienten.

Es especialmente importante transmitirles que los problemas entre los adultos no son responsabilidad suya.

Evitar poner al niño en medio del conflicto

Una de las cosas que más puede perjudicar a un niño durante una separación es sentirse atrapado entre sus padres.

Conviene evitar:

  • Preguntarle qué ocurre en casa del otro progenitor.

  • Utilizarlo para transmitir mensajes.

  • Pedirle que tome partido.

  • Hablar negativamente del otro progenitor delante de él.

  • Hacerle sentir culpable por disfrutar del tiempo con el otro.

  • Compartir con él conflictos económicos, legales o sentimentales que corresponden a los adultos.

El niño necesita poder mantener sus vínculos afectivos sin sentir que querer a uno implica traicionar al otro.

Mantener rutinas y seguridad

En una etapa en la que ya están ocurriendo muchos cambios, mantener algunas rutinas puede resultar especialmente tranquilizador.

Siempre que sea posible, ayuda conservar cierta estabilidad en aspectos como:

  • Colegio.

  • Actividades.

  • Horarios.

  • Relaciones con familiares y amigos.

  • Normas básicas.

  • Rutinas de sueño y alimentación.

La previsibilidad ayuda al niño a recuperar sensación de seguridad mientras se adapta a su nueva realidad familiar.

¿Los padres tienen que hacer todo exactamente igual?

No.

Dos hogares no tienen que funcionar de manera idéntica.

Es positivo que exista cierta coherencia en cuestiones importantes para el niño, pero pueden existir diferentes rutinas, estilos y normas en cada casa.

Más que conseguir que ambos progenitores hagan exactamente lo mismo, lo importante es que el niño encuentre seguridad, estabilidad y unos límites suficientemente claros en cada entorno.

¿Cuándo puede necesitar ayuda psicológica?

Sentirse triste, confundido o enfadado durante un proceso de separación no significa necesariamente que un niño necesite acudir a terapia.

Muchas de estas reacciones pueden formar parte del proceso de adaptación.

Puede ser recomendable realizar una valoración cuando el malestar es muy intenso, se mantiene en el tiempo o empieza a interferir de forma importante en áreas como:

  • El colegio.

  • El sueño.

  • Las relaciones sociales.

  • La convivencia familiar.

  • La alimentación.

  • El estado de ánimo.

  • Su capacidad para realizar actividades habituales.

También puede resultar útil buscar orientación cuando los padres no saben cómo explicar la situación, existen dificultades importantes de comunicación o necesitan ayuda para acompañar emocionalmente a sus hijos.

Acompañamiento psicológico en procesos de separación y divorcio

La intervención dependerá de las necesidades de cada familia.

En algunos casos puede ser suficiente realizar un trabajo de orientación con los padres, ayudándoles a comprender las reacciones de sus hijos, organizar los cambios y encontrar formas de protegerles del conflicto.

En otras situaciones puede resultar conveniente ofrecer al niño o adolescente un espacio propio en el que pueda expresar cómo está viviendo la separación y trabajar las emociones o dificultades que hayan aparecido.

El objetivo no es evitar cualquier malestar —una separación implica necesariamente cambios y emociones— sino favorecer que el niño pueda adaptarse a su nueva realidad sintiéndose seguro, acompañado y libre de los conflictos que corresponden a los adultos.