“Ya se le pasará”, “que no le haga caso”, “hay mucha más gente con la que puede juntarse”. Cuando un adolescente sufre por una amistad, los adultos podemos tener la tentación de quitar importancia a lo ocurrido para intentar tranquilizarle. Sin embargo, durante la adolescencia las relaciones con los amigos ocupan un lugar especialmente importante. Sentirse aceptado, pertenecer a un grupo y tener personas con las que identificarse forma parte del proceso de construcción de la propia identidad.
Por eso, un conflicto, una ruptura de amistad o sentirse excluido puede vivirse con una intensidad que a veces sorprende a los adultos.
¿Por qué son tan importantes las amistades durante la adolescencia?
Durante la infancia la familia suele ser el principal espacio de referencia. Al llegar a la adolescencia, los amigos empiezan a adquirir un peso mucho mayor. Con ellos comparten experiencias, secretos, intereses, dudas y situaciones que sienten que quizá los adultos no comprenderían de la misma manera. El grupo también permite experimentar quién soy, cómo quiero relacionarme y dónde siento que pertenezco.
Por eso, cuando aparece un rechazo, no siempre se vive únicamente como “una amiga ya no quiere quedar conmigo”. Puede sentirse como: “ya no les gusto”, “no encajo”, “hay algo malo en mí”, “todos tienen a alguien menos yo”.
Cuando una amistad cambia
Las amistades adolescentes pueden ser muy intensas y también, pueden cambiar rápidamente.
Una amiga que durante meses ha sido inseparable puede empezar a acercarse a otras personas. Un grupo puede reorganizarse. Pueden surgir nuevos intereses o conflictos. Aunque estos cambios formen parte del desarrollo, pueden generar mucho dolor, especialmente cuando el adolescente no entiende por qué está ocurriendo. En ocasiones aparece una búsqueda insistente de explicaciones: “¿Qué he hecho?”, “¿Por qué ya no me habla?”, “¿Por qué prefiere estar con ellas?”. No siempre existe una respuesta clara.
Aprender a tolerar esos cambios también forma parte del desarrollo emocional.
Sentirse fuera del grupo
Pocas cosas resultan tan difíciles durante la adolescencia como sentir que uno no pertenece.
Puede ocurrir cuando no le invitan a un plan, descubre que existe otro grupo de WhatsApp, ve fotografías de una quedada a la que no ha sido invitado o siente que sus amigas se cuentan cosas que a él no le cuentan. Las redes sociales pueden hacer todavía más visible esa exclusión.
Antes, un adolescente podía no saber que sus amigos habían quedado sin él. Ahora puede verlo prácticamente en tiempo real. Esto puede intensificar el sentimiento de rechazo y favorecer una comparación constante con la vida social de los demás.
“Mi hijo adolescente no tiene amigos”
Esta es una preocupación frecuente entre las familias. Sin embargo, es importante distinguir situaciones diferentes. Hay adolescentes que necesitan pocos amigos y se sienten cómodos así. Tener uno o dos vínculos significativos puede ser suficiente.
La preocupación aparece sobre todo cuando el adolescente quiere relacionarse pero no consigue hacerlo, se siente solo, sufre rechazo de forma repetida o empieza a pensar que nadie quiere estar con él. También conviene observar si evita situaciones sociales por miedo, inseguridad o experiencias anteriores de rechazo.
Cómo ayudar sin intervenir demasiado
Cuando vemos sufrir a un hijo por una amistad, es normal querer actuar. Podemos sentir ganas de hablar con otros padres, llamar al colegio o decirle directamente qué debería hacer. Sin embargo, en muchas situaciones necesitan primero sentirse escuchados. Podemos empezar diciendo: “Entiendo que estés triste”, «debe de haber sido difícil enterarte de que habían quedado sin ti”, “veo que esta amistad era muy importante para ti”. Después podremos pensar juntos qué hacer. A veces necesitará poner límites, otras veces tendrá que aceptar que una relación ha cambiado, y en ocasiones, simplemente necesitará tiempo.
Evitar minimizar lo que está viviendo
Comentarios como “eso son tonterías de adolescentes” suelen aumentar la sensación de incomprensión. Para nosotros puede ser una pelea entre amigas, para ellos puede ser una de las cosas más importantes que están viviendo en ese momento.
Validar no significa estar de acuerdo con todo ni pensar que la situación es tan grave como la perciben, significa reconocer que para ellos está siendo dolorosa.
¿Cuándo debería preocuparme?
Los conflictos entre amigos son normales, sin embargo, conviene prestar especial atención cuando el rechazo o las dificultades sociales empiezan a generar un malestar importante.
Por ejemplo, cuando el adolescente:
- evita ir al instituto;
- pasa cada vez más tiempo aislado;
- deja de hacer actividades que antes disfrutaba;
- expresa que nadie le quiere;
- se muestra muy inseguro en las relaciones;
- cambia constantemente su forma de ser para intentar encajar;
- vive situaciones continuadas de exclusión, burlas o acoso;
- presenta un descenso importante en su estado de ánimo.
En estos casos puede ser útil profundizar en lo que está ocurriendo.
Aprender a relacionarse también forma parte de crecer
La adolescencia es una etapa en la que se aprende mucho sobre las relaciones, aprender a confiar, poner límites, elegir amistades. atravesar decepciones, aceptar que algunas relaciones terminan, y descubrir también, que no es necesario gustar a todo el mundo para tener vínculos valiosos.
En ocasiones, un espacio terapéutico puede ayudar al adolescente a comprender mejor lo que está ocurriendo en sus relaciones, trabajar su autoestima y desarrollar mayor seguridad para relacionarse con los demás.
En Alejandra García Pueyo Psicología ofrecemos terapia para adolescentes en Zaragoza y también online, acompañando dificultades relacionadas con las amistades, la autoestima, la inseguridad, el rechazo y las relaciones sociales.
