“Me duele la tripa”, “no puedo ir hoy” “por favor, déjame quedarme en casa”. A veces los padres empiezan a notar que acudir al instituto se convierte cada mañana en un conflicto. El adolescente puede llorar, enfadarse, quejarse de dolores físicos, retrasar el momento de salir o decir directamente que no quiere ir. En otras ocasiones continúa asistiendo, pero cada domingo por la noche empieza a encontrarse mal o vive las mañanas con una gran angustia. Cuando esto ocurre de manera repetida, es importante intentar comprender qué hay detrás del rechazo a ir al instituto.
No siempre es falta de ganas
Cuando un adolescente se niega a ir a clase puede resultar fácil pensar que simplemente no quiere esforzarse. Sin embargo, detrás de esa negativa pueden existir situaciones muy diferentes: problemas con compañeros, miedo a equivocarse, presión académica, dificultades de aprendizaje, vergüenza, inseguridad, conflictos con profesores, acoso escolar o algún malestar emocional que todavía no sabe explicar. Por eso, antes de interpretar la conducta como desobediencia, conviene preguntarnos qué puede estar intentando comunicar.
Cuando aparecen dolores de barriga o de cabeza
En algunos adolescentes el malestar emocional se expresa a través del cuerpo. Pueden aparecer dolores de barriga, náuseas, dolores de cabeza, mareo o sensación de encontrarse enfermos justo antes de ir al instituto. Esto no significa que estén fingiendo, el malestar físico puede ser completamente real aunque su origen esté relacionado con una situación emocional. Por eso es importante descartar causas médicas cuando corresponda y, al mismo tiempo, observar cuándo aparecen los síntomas.
Si ocurren principalmente los días de clase y mejoran durante fines de semana o vacaciones, puede ser importante explorar qué está sucediendo en el entorno escolar.
Problemas con compañeros y miedo al rechazo
Durante la adolescencia las relaciones sociales ocupan un lugar muy importante. Un conflicto con una amiga, sentirse excluido del grupo, haber recibido burlas o creer que no encaja puede hacer que acudir cada día al instituto resulte especialmente difícil.
A veces los padres no conocen lo que está ocurriendo porque el adolescente no quiere contarlo. Puede sentir vergüenza, miedo a empeorar la situación o pensar que los adultos no podrán ayudar. Por eso conviene prestar atención a cambios en sus relaciones y evitar presionarle para que cuente inmediatamente lo que ocurre.
Presión académica y miedo a fracasar
No todos los adolescentes que evitan el instituto tienen problemas sociales. En algunos casos el origen está relacionado con los estudios. Un adolescente puede sentirse incapaz de seguir el ritmo, tener miedo a suspender o vivir cada examen como una situación amenazante. Especialmente en adolescentes muy exigentes o perfeccionistas, una mala nota puede vivirse como un fracaso personal. Esto puede llevar a evitar aquello que genera tanta presión. A veces parece falta de motivación cuando en realidad existe miedo.
¿Y si está sufriendo acoso?
Cuando aparece una negativa intensa y repentina a acudir al instituto es importante valorar también la posibilidad de que exista alguna situación de acoso o rechazo. No todos los adolescentes lo cuentan.
Algunas señales que pueden hacernos prestar más atención son:
- cambios bruscos de humor;
- pérdida o deterioro frecuente de material;
- dejar de hablar de determinadas personas;
- miedo a los recreos;
- cambios en el recorrido de ida o vuelta;
- aislamiento;
- empeoramiento del rendimiento;
- síntomas físicos recurrentes antes de ir a clase.
Una señal aislada no confirma que exista acoso, pero puede justificar explorar la situación con mayor profundidad.
¿Debemos obligarle a ir al instituto?
Esta es una de las dudas más difíciles para las familias. Por un lado, permitir que el adolescente deje de asistir cada vez que siente malestar puede favorecer que la evitación aumente. Por otro, obligarle sin comprender qué está ocurriendo puede hacer que se sienta todavía más solo. La respuesta dependerá de cada situación.
Lo importante es no convertirlo únicamente en una batalla de autoridad. Necesitamos entender qué está provocando el rechazo y establecer un plan adaptado al problema concreto. En ocasiones será necesario coordinarse con el centro educativo, en otras, trabajar progresivamente la vuelta a clase. Y en determinadas situaciones será necesario intervenir sobre el problema que está ocurriendo dentro del instituto.
Cómo hablar con nuestro hijo
Las preguntas muy directas pueden provocar todavía más cierre.
“¿Qué te pasa en el instituto?”
“¿Te están haciendo algo?”
“¿Quién te ha dicho qué?”
A veces puede funcionar mejor empezar desde lo que observamos.
“Últimamente veo que por las mañanas lo estás pasando mal.”
“Me preocupa que ir al instituto te esté costando tanto.”
“No necesito que me lo cuentes todo ahora, pero quiero ayudarte.”
El objetivo es transmitir que estamos disponibles y que queremos comprender antes de juzgar.
¿Cuándo pedir ayuda profesional?
Puede ser recomendable consultar cuando el rechazo al instituto persiste, aumenta con el tiempo o empieza a afectar claramente a la vida del adolescente. También cuando aparecen un aislamiento importante, cambios en el estado de ánimo, miedo intenso, síntomas físicos frecuentes o dificultades importantes en las relaciones sociales.
La terapia puede ayudar a comprender qué está provocando ese rechazo y trabajar tanto con el adolescente como con la familia para encontrar la mejor manera de afrontarlo.
En Alejandra García Pueyo Psicología ofrecemos psicología para adolescentes en Zaragoza y también online, acompañando dificultades escolares, problemas en las relaciones sociales, inseguridad, perfeccionismo y diferentes situaciones de malestar durante la adolescencia.
