Querer hacer las cosas bien no es algo negativo. Esforzarse, tener objetivos o intentar mejorar puede ayudar a un adolescente a desarrollar responsabilidad, autonomía y confianza en sus capacidades. El problema aparece cuando hacerlo bien deja de ser suficiente.
Hay adolescentes que sienten que tienen que hacerlo todo perfecto: sacar buenas notas, cumplir con lo que esperan los demás, no equivocarse, tener buen aspecto, ser buenos amigos o destacar en aquello que hacen. Desde fuera pueden parecer responsables, exigentes o incluso muy seguros de sí mismos. Sin embargo, por dentro pueden vivir con mucha presión, miedo a fallar y una sensación constante de no ser suficientemente buenos.
¿Qué es el perfeccionismo en adolescentes?
El perfeccionismo no consiste simplemente en querer obtener buenos resultados. Tiene más que ver con la manera en que el adolescente interpreta sus errores y con cuánto depende su valoración personal de aquello que consigue. Un adolescente perfeccionista puede pensar: “Si no saco una buena nota, he fracasado”, “si me equivoco, van a pensar que soy tonto”, “podría haberlo hecho mejor”, “no puedo decepcionar a mis padres”, “los demás hacen todo mejor que yo”. Aunque consiga buenos resultados, la satisfacción suele durar poco. Siempre aparece un nuevo objetivo o algo que podría haber hecho mejor.
Señales de perfeccionismo en adolescentes
No todos los adolescentes muestran el perfeccionismo de la misma manera. Algunas señales frecuentes pueden ser:
- preocuparse excesivamente por las notas;
- estudiar mucho más tiempo del necesario por miedo a no saberlo todo;
- bloquearse ante exámenes o trabajos;
- enfadarse mucho cuando comete un error;
- evitar actividades en las que no sabe si destacará;
- abandonar algo si siente que no puede hacerlo perfectamente;
- compararse constantemente con los demás;
- necesitar mucha aprobación externa;
- minimizar sus logros;
- mostrarse muy crítico consigo mismo.
A veces también aparece procrastinación. Puede resultar paradójico, pero algunos adolescentes posponen una tarea precisamente porque sienten que tienen que hacerla perfectamente. La exigencia es tan alta que empezar se convierte en algo difícil.
Cuando las buenas notas esconden mucho malestar
No siempre es fácil detectar que un adolescente está sufriendo. En ocasiones obtiene buenas notas, cumple con sus responsabilidades y aparentemente “todo va bien”. Por eso el perfeccionismo puede pasar desapercibido. Sin embargo, detrás de esos resultados puede haber muchas horas de preocupación, miedo a equivocarse, dificultad para descansar o pensamientos constantes sobre el rendimiento. El objetivo no debería ser únicamente observar el resultado, sino también cómo está viviendo el proceso.
No es lo mismo estudiar porque quiere aprender o conseguir un objetivo que hacerlo sintiendo que un error pondría en duda su propio valor.
El miedo a decepcionar
Algunos adolescentes sienten una enorme responsabilidad por cumplir las expectativas de los adultos. Esto no significa necesariamente que los padres sean muy exigentes. En ocasiones son los propios adolescentes quienes interpretan que tienen que hacerlo todo bien para no decepcionar a las personas que quieren. Por eso puede ser importante transmitirles que nuestro afecto no depende de sus resultados. Mensajes como: “estoy orgulloso de tu esfuerzo, independientemente de la nota”, “equivocarte no cambia lo que pienso de ti”, “no tienes que hacerlo todo perfecto”. Pueden parecer pequeños, pero ayudan a separar progresivamente el rendimiento de la valoración personal.
Perfeccionismo, autoestima y comparación
Durante la adolescencia aumenta especialmente la comparación con los demás. Las notas, el físico, las amistades, el deporte o las redes sociales ofrecen constantemente oportunidades para compararse.
El problema aparece cuando el adolescente utiliza esas comparaciones como medida de su propio valor. Siempre habrá alguien que saque mejores notas, tenga más seguidores, destaque más en un deporte o parezca sentirse más seguro.
Construir una autoestima estable implica aprender que el valor personal no puede depender constantemente de estar por encima de los demás.
¿Cómo podemos ayudar desde casa?
A veces, con la intención de motivar, podemos reforzar sin querer la exigencia. Por ejemplo, ante un 9 podemos preguntar inmediatamente: “¿Y por qué no has sacado un 10?”. Aunque pueda decirse en tono de broma, un adolescente muy exigente puede interpretarlo como confirmación de que nunca es suficiente. Puede ayudar:
- valorar el esfuerzo y el proceso, no únicamente el resultado;
- normalizar los errores;
- contar también nuestros propios fallos;
- evitar comparaciones con hermanos o compañeros;
- enseñar que descansar también es necesario;
- preguntar cómo se siente, no solo cómo le ha salido;
- ayudarle a establecer expectativas realistas.
También es importante no intentar eliminar toda exigencia. El objetivo no es que deje de esforzarse, sino que pueda hacerlo sin que su bienestar dependa de hacerlo todo perfectamente.
¿Cuándo puede ser conveniente pedir ayuda?
El perfeccionismo puede convertirse en un problema cuando genera un sufrimiento importante o empieza a limitar la vida del adolescente.
Puede ser recomendable consultar cuando aparecen bloqueos frecuentes, miedo intenso a equivocarse, evitación, problemas de sueño, dificultades para desconectar, mucha autocrítica o un malestar significativo relacionado con los estudios o el rendimiento.
En terapia podemos ayudar al adolescente a comprender de dónde procede esa exigencia, aprender a relacionarse de otra manera con los errores y construir una valoración de sí mismo que no dependa exclusivamente de sus resultados.
En Alejandra García Pueyo Psicología ofrecemos psicología para adolescentes en Zaragoza y también online, acompañando dificultades relacionadas con la autoestima, la inseguridad, el perfeccionismo, las relaciones sociales y otros momentos de malestar emocional.
