Mis yayos

En este artículo quiero resaltar la importancia de los abuelos en la vida de los niños y por ello no voy a hablar como profesional, sino como nieta

Yo he tenido el lujo de disfrutar de mis cuatro abuelos hasta que ya era mayor y a día de hoy sigo disfrutando de mis dos yayas, por lo que me siento muy afortunada.

Yo siempre digo que los mejores veranos de mi vida fueron los que pasé con mis yayos maternos en el Pirineo, donde aprendí a andar, me enseñaron valores como la importancia de la familia, el respeto, a ser feliz y a ser una enamorada del Pirineo. 

Mi primo y yo somos de la misma edad y como nuestros padres tenían que trabajar, estábamos desde junio hasta septiembre con los yayos en el Pirineo. Os diré que no era fácil lidiar con nosotros porque éramos hijos únicos pero al llevarnos solo 4 meses éramos como hermanos y como tal teníamos nuestras disputas, pero os diré que como los yayos «nos llevaban» nadie sabía hacerlo.

Recuerdos…

Sobre todo recuerdo, las meriendas con fuet y pan, los ataques de risa que nos daban a mi primo y a mí y que hacía que la yaya nos separara estando uno en la cocina y otro en el comedor, lo cual daba igual porque no podíamos parar de reír, las salidas al río en el que a día de hoy encuentro paz y serenidad, las partidas al dominó y al parchís…

En aquella época no había móvil ni tablet así que tenían que entretenernos todo el día como fuera. Por la mañana nos levantábamos y hacíamos deberes, después íbamos al río a bañarnos, comíamos, les dejábamos que echaran la siesta (nunca se nos acababan las pilas) y después nos llevaban a merendar al pueblo de al lado al que íbamos andando. 

Educando firme y amablemente

Puedo decir que mis yayos a pesar de su generación, nunca fueron estrictos ni demasiado permisivos, poniendo límites cuando tenían que hacerlo y jugando cuando lo requería, de hecho, gracias a ellos aprendimos a jugar al guiñote y gané un campeonato.

Nunca recuerdo un castigo, un cachete, una palabra más alta que la otra, pero sí recuerdo el cariño tan fuerte que les profesábamos y que le seguimos transmitiendo a mi yaya a día de hoy. No nos consentían ni nos compraban nada porque estábamos en un pueblo con 5 casas sin tienda ni bar, en los que los únicos niños éramos nosotros, pero tampoco lo necesitábamos, solo nos daban el mejor regalo SU TIEMPO.

Agradecimiento

A mis yayos maternos, Miguel y Rosario, les agradezco el haberme transmitido su sensibilidad, cariño y amor por la familia, a mis yayos paternos Cheli y Eugenio, su fortaleza, alegría y diversión.

Simplemente les quería hacer un homenaje porque se lo merecen y agradecerles profundamente todo lo que me enseñaron y me aportaron, tanto cuando era una niña como ahora. ¡Qué afortunada me siento de haberles conocido y disfrutado durante tanto tiempo!

Ojalá siempre estuvieran con nosotros.

Gracias de corazón

Sandra (así es como ellos me llamaban)

Os dejo una foto con mis yayos, de izquierda a derecha: Miguel, Rosario, Cheli y Eugenio, y la pequeña soy yo. 

la importancia de los abuelos en la vida de los niños

 

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